miércoles, 2 de junio de 2010

Diéresis.

Le encantaba permanecer ahí, y dejar de leer de vez en cuando para contemplar los tejados e imaginar los miles de destinos que se imbricaban, los jóvenes colmados de incertidumbre sobre su porvenir, los ancianos llenos de certeza acerca del suyo; los que se amaban, morían, calculaban, volaban, mataban, tal vez.

Leía por gusto; formaba parte de una de esas generaciones que no se avergonzaban de creer en la cultura.

Durante el paseo, vi a varias personas que leían, y a libros, cosa que me alegró. Tal vez la estirpe de los lectores no esté en peligro de extinción.


Paul Desalmand, Las aventuras de un libro vagabundo.

1 confusiones:

Ámbar dijo...

Voy a llorar. Quiero este libro.