lunes, 6 de diciembre de 2010

genialidades de ida y vuelta.-

Me acordé cuando terminé de untarme zumo de naranja en el pezón izquierdo. Corrí por el pasillo llorando desesperadamente y al llegar al salón me puse a buscar aquel libro que contenía aquella página en la que había escrito tu nombre con mi semen.

domingo, 5 de diciembre de 2010

de la fragilidad de las mariposas y otros versos;

Acabo de comerme un bocadillo de ceniza. Después, he ido hasta el salón y he disparado a mi tía-abuela en la cabeza. La bala debía de ser potente, porque le salió por el otro lado. La recogí y la examiné. Estaba húmeda y viscosa. La he tirado por la ventana del baño.
Un pájaro se ha metido entonces, y le he invitado a bañarse conmigo. Parece que le gustaba picotearme el ombligo. Me he cansado de ver las heridas rojas en mi carne y he decidido salir en toalla a la calle. 
Como hacía mucho calor, decidí subir al ático y raparme la cabeza, así que tuve que volver al baño para coger la cuchilla de afeitar. Volví al ático, pero re-decidí raparme la cabeza un piso más arriba: he ascendido hasta la terraza. 
Según iba pasando la cuchilla por mi cabeza, comencé a observar cómo mis pelos volaban por toda la ciudad. Tal vez alguien los encuentre y se atreva a crear una obra de arte con ellos. Ante semejante idea, me enfurezco y decido cortarme la muñeca izquierda en sentido vertical para ver si podía tirar de una vena como si fuese un cable. Ante la negativa respuesta, me he aplicado unas gotitas de Super-Glue y lo he dejado tal cual estaba.
Por último, antes de darme por vencido y volver a meterme en la cama, he cogido el cadáver de una cucaracha que estaba detrás de la puerta de entrada y le he arrancado las patas. Luego he apuntado en una hoja que mi mayor deseo es acariciarte el clítoris con una flor y después ponerme a llorar.
 ¿Volvería a asaltarme la angustia de envejecer? No mirar demasiado lejos. A lo lejos estaban los horrores de la muerte y de los adioses; estaban los postizos, las ciáticas, las invalideces, la esterilidad mental, la soledad en un mundo extraño que ya no comprendemos más y que continuará su curso sin nosotros. ¿Lograré no alzar mi vista hacia esos horizontes? ¿O aprenderé a percibirlos sin espanto? Estamos juntos, ésa es nuestra posibilidad. Nos ayudaremos a vivir esta última aventura de la cual no regresaremos. ¿Eso nos la volverá tolerable? No sé. Esperemos. No tenemos elección.

La mujer rota - Simone de Beauvoir.

martes, 30 de noviembre de 2010

dot dot dot;

Mientras veo nevar, he decidido poner una hucha y meter todo el dinero posible cada día. Cuando se llene, lo primero que haré será comprar una edición 2011 de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust (79'90 €) y, después, no sé qué haré con el sobrante.
Quizá lo regale.

domingo, 28 de noviembre de 2010

un par más;

Ya tengo dos libros (más) pendientes de compra o para pedir en Navidad, ahora que se acerca.

Cuentos completos - Eudora Welty.

Cuentos completos de Eudora Welty. Junto a Flannery O’Connor y Katherine Anne Porter, Eudora Welty es la gran renovadora del cuento norteamericano. Ambientados en el sur de Estados Unidos, sus relatos son verdaderas joyas literarias, llenos de afiladas observaciones sobre la vida sencilla y el mundo rural. Esta edición reúne todos los cuentos de Eudora Welty, procedentes de sus libros A Courtain of Green, The Wide Net, The Golden Apples, y una serie de relatos jamás recogidos en ninguna recopilación.



El club de los optimistas incorregibles - Jean-Michel Guenassia

Michel Marini tenía doce años en 1959. Eran los tiempos del rock'n roll y de la guerra de Argelia. Él era fotógrafo aficionado, lector compulsivo y jugador de futbolín en el café Balto de la plaza de Denfert-Rochereau, en París. En la sala de atrás de ese café conoce a Igor, a Léonid, a Sacha, a Imré y a todos los demás. Eran hombres, que habían cruzado el telón de acero para salvar el pellejo; dejaron atrás sus amores y a su familia, traicionaron sus ideales y todo cuanto eran. Se encontraron en París, en ese club de ajedrez de la sala de atrás de un café por el que también iban Kessel y Sartre. Y los unió un terrible secreto que Michel acabó por descubrir. Ese encuentro le trastocó para siempre la vida al muchacho. Porque todos eran unos optimistas incorregibles. Retrato generacional, reconstrucción minuciosa de una época, crónica agridulce de una adolescencia: Jean-Michel Guenassia da en el clavo con esta primera novela, que asombra tanto por lo ambicioso del proyecto cuanto por la ráfaga de autenticidad que recorre estas página.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cosas que siempre hago en la ducha;

1.- Quitarme la camiseta una vez metido en la ducha.
2.- Pensar en Jean-Paul Sartre.
3.- Poner la mano en forma de cuenco debajo del ombligo y ver cómo el agua llena el vacío.
 4.- Pensar que ese momento jamás se repetirá.
5.- Quitar la alfombra un ratito antes de salir, y pisar el mármol.
6.- Escribir en el lado derecho de la mampara una a minúscula.
7.- Escribir en el lado izquierdo de la mampara una s mayúscula.
8.- Escribir en el centro con los dos dedos a la vez una línea, una curva y una línea otra vez, perpendicularmente y a la vez.
9.- Dibujar una carita sonriente en la esquina superior izquierda de la mampara y luego borrarla.

martes, 16 de noviembre de 2010

Creo que los dos tenemos miedo de lo mismo. Y por una misma razón. Nunca hemos conseguido, ninguno de los dos, entrar en la vida. Estamos colgando del lado de afuera, por mucho que hagamos, convencidos de que nos vamos a caer en el próximo tumbo.