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miércoles, 18 de mayo de 2011

todo eso y mucho más;

morderte las mejillas, hacer etiquetas para los tarros de mermelada, preguntarte si todavía me quieres, dormir a la orilla de un río, comer melocotones, empujarte, ir al zoo, cuidar el jardín, despertarte, leer el periódico por encima de tu hombro, estar pendiente de la hora que es, no dejarte comer demasiados cacahuetes, comprar libros, coger el metro, rellenar napolitanas de chocolate, fumar un cigarrillo, cortarte las uñas, pintártelas, comer helado de dulce de leche, aprender a planchar, instalarme en algún lugar -pero que no sea muy duradero-, perderme, tejer una bufanda, poner el despertador y no hacerle caso, recoger elefantes abandonados, aburrirme, sacar la basura, tirar algo por la ventana, olvidarme de las maletas, salpicarte, hacer burbujas en la bañera, ponerme un anillo en cada dedo, embotellar agua, romper un reloj, hacer el pino, la voltereta, quemar hormigas con una lupa, saltar el potro, retratarte en blanco y negro, hurgar en tu ombligo, sonarte los mocos, huir de los turistas, pintar un cuadro, cazar un pato con un cazamariposas, escribir cinco poemas, tener dieciséis años, romperte el corazón, comprar en un mercadillo, aprender noruego...

domingo, 24 de abril de 2011

está blando - está hablando.

  El protagonista de este relato amaba la literatura por encima de todo. 
Sentía que la literatura avanzaba más rápido que la propia sociedad, puesto que una minoría de autores concebían una serie de ideas que más tarde revolucionarían el panorama social.
Después de comer teorizaba sobre la poesía y los poetas. Y a veces sobre su fatal existencia. Se preguntaba continuamente si debía suicidarse para ser medianamente famoso.
Por las noches, ya en la cama pero aún despierto, recitaba mentalmente versos, versos que le venían a la cabeza. Demasiado bellos, demasiado singulares para que hubiese podido pensar en escribirlos, versos que a la mañana siguiente ya no recordaba.

domingo, 17 de abril de 2011

La canción.

lunes, 4 de abril de 2011

L de novel. :)

Pues eso, que ya puedo tachar un deseo más :)

domingo, 27 de marzo de 2011

otro desvarío más, total...

Cuando el niño salió del colegio y llegó a casa, se encontró a su madre sentada en una silla azul en la cocina. Él se sentó a su lado y comenzó a toquetear sus verrugas.
El hombre que acababa de comprar el periódico lo abrió y fue directo a la página de esquelas. Cayó una hojita de almanaque del año en el que nació su abuela materna.
La anciana ciega masticaba alas de mariposa los domingo por la tarde porque sentía que el mundo había muerto. A veces se abanicaba con un abanico de puntilla negro.
El bibliotecario corría por los pasillos del depósito montado en un carrito. Le encantaba hacerlo, pero no se lo quería contar a nadie. Lo que él no sabía es que sus compañeros también lo hacían.
Al bajarse del avión, la señora miró a su alrededor pero no vio a nadie conocido. Entró en el servicio y prendió una barrita de incienso. Olía a vainilla de India.
La modista colocó la jaula de su canario en la repisa de la ventana, le abrió la puerta y el pájaro salió volando hacia el norte, por encima de los tejados, pero sin llegar a alcanzar las nubes. La modista se puso la jaula en la cabeza dejando la puertecita abierta.
El profesor de gramática jamás había leído un libro. Su mujer era repostera a tiempo parcial y cuando llegó a casa decidió pintarle las uñas de los pies de color rojo. Luego se acostaron y ella se quedó embarazada y luego viuda.
La niña de las trenzas pelirrojas había encontrado un tubito de cristal en el que metió tres hormigas de color negro poniendo una gotita de agua azucarada dentro. Tapó los dos extremos con dos pequeños corchos, le puso un lazo y se lo ató al cuello. Era su nuevo collar.
El músico no sabía tocar el sí bemol con la trompeta y decidió suicidarse. Pensó que así llegaría a ser alguien conocido y la gente pensaría que tanto su vida como su personalidad era muy interesante. Otro más en la lista de artistas suicidas.

avión a Helsinki.

La cuerda con la que se ahorcó el hombre era de muy buena calidad. Su madre estaba en casa haciendo calceta. Cuando le comunicaron el suicidio de su hijo se orinó encima.
La vecina tenía un pastel en el horno. Se limpió las manos en el mandil, se puso las manoplas de flores y lo sacó con cuidado. El olor a frambuesa se le metió en el pelo y sonrió. Esta vez había crecido mucho gracias a la calidad de la levadura.
El mecánico del taller llevaba el anillo de compromiso colgado del cuello en un cordón de oro. Esto era debido a que no tenía dedos anulares. Se los había amputado trabajando. A veces, su hija le besaba los pequeños muñones mientras le decía que le quería.
La anciana que daba de comer a las palomas grises y cojas todos los sábados por la mañana decidió no ponerse el pañuelo al día siguiente. Mañana debería de coger el tren, pero aún no estaba muy segura. Visitaría a su hermana y le contaría la anécdota.
Una chica recién graduada estaba tumbada en el campo. No estaba sola, sino con su mejor amiga. Ambas estaban tomando el sol en bikini y a una de ellas le asomaba el vello púbico allí donde la braga cortaba la pierna. La otra sonreía al sol. Se hicieron unas fotos y se fueron para casa.
El carnicero del pueblo estaba eviscerando un cordero cuando alguien entró por la puerta. Él se enteró por el sonido del artilugio que su hijo le había hecho con unas cuantas conchas y que colgaba encima de la puerta. Al ver al señor entrar, le saludó y comenzaron a hablar.
La niña que se escribía poemas en las manos solía borrarlos con lágrimas. Sabía que no llegarían a ninguna parte. Tras borrarse el poema del día anterior, se metió a la cama y se durmió.

domingo, 20 de marzo de 2011

el soturno de turno.

Ausencia

Cuarenta metros cúbicos de soledad, el cuarto.
El abrigo en la percha, ahorcado,
el sombrero en la mesa, como un cráneo,
los zapatos,
uno delante del otro, echando el paso.
Y una escarpia negra posada en lo blanco.

Rosa Chacel.

domingo, 27 de febrero de 2011

conversación más o menos.

Cariño, eso es un policía...o, bueno...tal vez un barrendero.


Escuchado en el autobús el día veinticinco de febrero de dos mil once.

jueves, 27 de enero de 2011

rant

Y si no entiendes algo, puedes hacer que signifique cualquier cosa.

lunes, 24 de enero de 2011

exponente máximo.

domingo, 23 de enero de 2011

mi cerebro está bailando una rapsodia;

Frío, mucho frío.
Al menos me queda el ¿consuelo? de estar calentito en casa estudiando Lingüística.
Mal de muchos, consuelo de tontos...

jueves, 20 de enero de 2011

con la costilla rota te digo 'te quiero'-

Quizá esta vez quieras bailar conmigo
antes de que la madrugada 
nos deje con las realidades superpuestas
antes de que desaparezcamos
mientras el mundo se queda en silencio
y lo demás se desvanece.

martes, 11 de enero de 2011

Mi 19º cumpleaños :)


Muchas gracias a todos, de corazón :)

viernes, 31 de diciembre de 2010

Se cierra el año.-

Libros leídos en 2010

Enero [13]
001. Arrancad las semillas, fusilad a los niños, de Kenzaburō Ōe.
002. Madame Bovary, de Gustave Flaubert.
003. La princesa de hielo, de Camilla Läckberg.
004. Verónika decide morir, de Paulo Coelho.
005. 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff.
006. Desde mi cielo, de Alice Sebold.
007. Un paso en falso, de Sofie Laguna.
008. Diario de una ninfómana, de Valérie Tasso.
009. Las once mil vergas, de Guillaume Apollinaire.
010. Una mañana perdida, de Gabriela Adameşteanu.
011. El círculo ámbar y las voces de Stonehenge, de Francesc Miralles.
012. El misterio de Wraxford Hall, de John Harwood.
013. Flavia de los extraños talentos, de Alan Bradley.


Febrero [13]
014. Romancero gitano, de Federico García Lorca.
015. Las flores del mal, de Charles Baudelaire.
016. La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, de Gabriel García Márquez.
017. La tienda de los suicidas, de Jean Teulé.
018. El palacio de la luna, de Paul Auster.
019. Desencuentros, de Jimmy Liao.
020. La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca.
021. What a viaje!, de Paloma Bordons.
022. Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda.
023. Novecento. La leyenda del pianista en el océano, de Alessandro Baricco.
024. Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza.
025. El marino que perdió la gracia del mar, de Yukio Mishima.
026. La náusea, de Jean-Paul Sartre.


Marzo [13]
027. El primer caso del peluquero, de Christian Schunemann.
028. Monstruos invisibles, de Chuck Palahniuk.
029. Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda.
030. Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender.
031. El cartero del rey, de Rabindranath Tagore.
032. El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta.
033. Extraños en un tren, de Patricia Highsmith.
034. El crimen del cine Oriente, de Javier Tomeo.
035. Los amantes de silicona, de Javier Tomeo.
036. Lobos, de Donato Carrisi.
037. La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.
038. Marcelo en el mundo real, de Francisco X. Stork.
039. La balada del café triste, de Carson McCullers.


Abril [14]
040. El chico de las cigüeñas, de Luisa Cuerda.
041. Tombuctú, de Paul Auster.
042. Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena.
043. La hoja roja, de Miguel Delibes.
044. Una cuestión personal, de Kenzaburō Ōe.
045. La cantante calva, de Eugène Ionesco.
046. Los juegos del hambre, de Suzanne Collins.
047. Paradero desconocido, de Kressmann Taylor.
048. En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano.
049. La mortaja, de Miguel Delibes.
050. Crímenes bestiales, de Patricia Highsmith.
051. El extranjero, de Albert Camus.
052. La fundación, de Antonio Buero Vallejo.
053. Leporella, de Stefan Zweig.


Mayo [10]
054. Cuando Hitler robó el Conejo Rosa, de Judith Kerr.
055. Carta de una desconocida, de Stefan Zweig.
056. Juego de niños, de Carmen Posadas.
057. La mujer de verde, de Arnaldur Indriðason.
058. Fin, de David Monteagudo.
059. Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, de Miguel Delibes.
060. Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, de Albert Espinosa.
061. La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer.
062. Misery, de Stephen King.
063. En llamas, de Suzanne Collins.


Junio [12]
064. Las aventuras de un libro vagabundo, de Paul Desalmand.
065. Zonas húmedas, de Charlotte Roche.
066. Persépolis, de Marjane Satrapi.
067. Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie.
068. En tierras bajas, de Herta Müller.
069. La venganza de Don Mendo, de Pedro Muñoz Seca.
070. Cinco cerditos, de Agatha Christie.
071. El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie
072. La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons.
073. Paisaje con grano de arena, de Wisława Szymborska.
074. El viaje del elefante, de José Saramago.
075. Rebelión en la granja, de George Orwell.


Julio [15]
076. El encuentro, de Simone van der Vlugt.
077. La muerte en Venecia, de Thomas Mann.
078. Diario, de Hélène Berr.
079. Esperando a Godot, de Samuel Beckett.
080. La voz, de Arnaldur Indriðason.
081. Asesinos sin rostro, de Henning Mankell.
082. A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, de Lewis Caroll.
083. La caza del Snark, de Lewis Carroll.
084. Cumbres borrascosas, de Emily Brönte.
085. Nada, de Carmen Laforet.
086. Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello.
087.Tiempo de relatos, de VV. AA.
088. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson.
089. La apuesta, de John Boyne.
090. La camarera, de Markus Orths.


Agosto [21]
091. El vampiro de Ropraz, de Jacques Chessex.
092. Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.
093. Ácido sulfúrico, de Amélie Nothomb.
094. La mesa limón, de Julian Barnes.
095. Ardiente secreto, de Stefan Zweig.
096. Percy Jackson y los dioses del Olimpo I: El ladrón del rayo, de Rick Riordan.
097. La perla, de John Steinbeck.
098. Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez.
098. Tala, de Gabriela Mistral.
100. Mendel el de los libros, de Stefan Zweig.
101. Rebecca, de Daphne du Maurier.
102. Sobre los ángeles, de Rafael Alberti.
103. Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, de Rafael Alberti.
104. El lector, de Bernhard Schlink.
105. Percy Jackson y los dioses del Olimpo II: El mar de los monstruos, de Rick Riordan.
106. La melancólica muerte de chico Ostra, de Tim Burton.
107. Percy Jackson y los dioses del Olimpo III: La maldición del titán, de Rick Riordan.
108. La destrucción o el amor, de Vicente Aleixandre.
109. Crímenes ejemplares, de Max Aub.
110. Percy Jackson y los dioses del Olimpo IV: La batalla del laberinto, de Rick Riordan.
111. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.


Septiembre [13]
112. La paloma, de Patrick Süskind.
113. Los papeles de Aspern, de Henry James.
114. Retrato del artista adolescente, de James Joyce.
115. Los niños tontos, de Ana María Matute.
116. El adversario, de Emmanuel Carrère.
117. Push, de Sapphire.
118. La familia Addams y otras viñetas de humor negro, de Charles Addams.
119. Cartas de Vicenta Lorca a su hijo Federico, de Vicenta Lorca.
120. Bodas de sangre, de Federico García Lorca.
121. La mujer rota, de Simone de Beauvoir.
122. Cantares gallegos, de Rosalía de Castro.
123. Follas novas [Hojas nuevas], de Rosalía de Castro.
124. En las orillas del Sar, de Rosalía de Castro.


Octubre [6]
125. La luna nueva, de Rabindranath Tagore.
126. Maus, de Art Spiegelman.
127. La librería, de Penelope Fitzgerald.
128. Sinsajo, de Suzanne Collins.
129. La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca.
130. El último gran viaje de Olivier Duveau, de Jali.


Noviembre [11]
131. Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores, de Federico García Lorca.
132. El cartero siempre llama dos veces, de James M. Cain.
133. La tregua, de Mario Benedetti.
134. Edipo rey, de Sófocles.
135. La casa del propósito especial, de John Boyne.
136. The Giver II: En busca del azul, de Lois Lowry.
137. Las nubes, de Luis Cernuda.
138. Estación. Ida y vuelta, de Rosa Chacel.
139. El baile, de Irène Némirovsky.
140. Viento del pueblo, de Miguel Hernández.
141. Las ratas, de Miguel Delibes.


Diciembre [12]
142. Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez.
143. Tragedia en tres actos, de Agatha Christie.
144. Cianuro espumoso, de Agatha Christie.
145. Yo, de Jordi Sierra i Fabra.
146. Cartas de amor (1950-1973) a Matilde Urrutia, de Pablo Neruda.
147. El último encuentro, de Sándor Márai.
148. Navidades trágicas, de Agatha Christie.
149. Jane Eyre, de Charlotte Brontë.
150. París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas.
151. La voz a ti debida, de Pedro Salinas.
152. La fugitiva, de Rabindranath Tagore.
153. Como agua para chocolate, de Laura Esquivel.


Otros
-Ilíada: Canto VI, de Homero. (Febrero)
-Odisea: Canto IX y Canto XII, de Homero. (Febrero)
-Jasón y los argonautas. (Febrero)
-Opúsculo de Sławomir Mrożek en conmemoración de su octogésimo cumpleaños. Incluye una breve novela, artículos publicados, ilustraciones y entrevistas. (Mayo)
-La respuesta, de Fredic Brown. (Agosto)
-La casa tomada, de Julio Cortázar. (Agosto)


Abandonados [06]
-Shutter Island, de Dennis Lehane. (Junio)
-El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, de Haruki Murakami. (Junio)
-Soy un gato, de Natsume Sōseki. (Agosto)
-Hacia cero, de Agatha Christie. (Septiembre)
-Sin destino, de Imre Kertész. (Octubre)
-La abadía de Northanger, de Jane Austen. (Diciembre)

domingo, 19 de diciembre de 2010

subrayados del libro;

 -página 17.

[...] creo que tengo derecho a verme de forma diferente de como me ven los demás, verme como me da la gana y no que me obliguen a ser esa persona que los otros han decidido que soy. Somos como los demás nos ven, de acuerdo. Pero yo me resisto a aceptar tamaña injusticia. Llevo años intentando ser lo más misterioso, impredecible y reservado posible. Llevo años intentando ser un enigma para todos. Para ello, con cada persona adopto una actitud diferente, busco que no haya dos personas que me vean de igual forma. Sin embargo, esta reforzada tarea se me está revelando inútil. Sigo siendo como los demás quieren verme. Y por lo visto todos me ven igual, como a ellos les da la gana.

-página 32.

[...] todas las monstruosas contradicciones que reúne el ser humano, todas esas dudas, fragilidad y desamparo, individualidad feroz y busca del desconsuelo compartido, en fin, toda esa gran angustia que somos capaces de desplegar ante la realidad del mundo.


París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas.

martes, 14 de diciembre de 2010

la cartera del viajero en el tiempo;

Hay una parte de sentimiento en nosotros que no llega a envejecer. Si pudiéramos raspar la callosidad y quisiéramos, nos encontraríamos, intacto pese al paso del tiempo, lozano, vulnerable, afligido, volátil y ciego a sus consecuencias, un conjunto de marcas tan fuera de control como las erecciones de un adolescente.

El pájaro espectador, de Wallace Stegner.

domingo, 12 de diciembre de 2010

principio & fin de un abismo inconmutable.-

En aquel momento pensé y comprendí o creí comprender muchas cosas. Comprendí y pensé lo que había ocurrido aquel día: que mi vida se había partido en dos, como un paisaje fracturado por un terremoto. A un lado había quedado la infancia, la juventud, tú, con todo lo que la vida pasada significaba, y al otro lado empezaba el espacio poco definido, poco abarcable, que me tocaría recorrer el resto de mi vida. Y las dos partes de mi vida ya no estaban unidas. ¿Qué había ocurrido? No sabía qué responder.


Sándor Márai.
El último encuentro.
Página 138.

domingo, 5 de diciembre de 2010

de la fragilidad de las mariposas y otros versos;

Acabo de comerme un bocadillo de ceniza. Después, he ido hasta el salón y he disparado a mi tía-abuela en la cabeza. La bala debía de ser potente, porque le salió por el otro lado. La recogí y la examiné. Estaba húmeda y viscosa. La he tirado por la ventana del baño.
Un pájaro se ha metido entonces, y le he invitado a bañarse conmigo. Parece que le gustaba picotearme el ombligo. Me he cansado de ver las heridas rojas en mi carne y he decidido salir en toalla a la calle. 
Como hacía mucho calor, decidí subir al ático y raparme la cabeza, así que tuve que volver al baño para coger la cuchilla de afeitar. Volví al ático, pero re-decidí raparme la cabeza un piso más arriba: he ascendido hasta la terraza. 
Según iba pasando la cuchilla por mi cabeza, comencé a observar cómo mis pelos volaban por toda la ciudad. Tal vez alguien los encuentre y se atreva a crear una obra de arte con ellos. Ante semejante idea, me enfurezco y decido cortarme la muñeca izquierda en sentido vertical para ver si podía tirar de una vena como si fuese un cable. Ante la negativa respuesta, me he aplicado unas gotitas de Super-Glue y lo he dejado tal cual estaba.
Por último, antes de darme por vencido y volver a meterme en la cama, he cogido el cadáver de una cucaracha que estaba detrás de la puerta de entrada y le he arrancado las patas. Luego he apuntado en una hoja que mi mayor deseo es acariciarte el clítoris con una flor y después ponerme a llorar.

lunes, 15 de noviembre de 2010

docilidad;

Esta mañana me he sacado el cerebro con un sacacorchos. He salido al patio con él en la mano y lo he metido en un bote de pintura amarilla. Una vez empapado, lo he vuelto a sacar, y he dibujado una sonrisa al lado de las macetas de geranios.
Luego pinté una rayuela y, al rato, me aburrí.
Decidí entonces entrar otra vez a casa y romper una botella. Cuando me disponía a ello, llamaron al timbre. Abrí y era un vendedor de libros a domicilio. Le he comprado uno y lo he puesto encima de la encimera de la cocina. Arranqué la página 364 y me la he comido. La digestión fue buena.
Luego me senté en el sofá y comencé a llorar irritado. Decidí darme la vuelta y terminé con la cabeza colgando. Debajo del sofá descubrí una gran pelusa de color marrón. La he guardado en un bote.
Me metí un dedo en el ojo y probé mis propias lágrimas. 
Entonces me he dado cuenta de lo miserable que es la vida, y me he vuelto a la cama.

martes, 26 de octubre de 2010

itttttaliano.

...e potrai sentire che ti amo,
e mentre il mondo fa rumore,
mentre il mondo può vedere il sole
non voglio più dormire in fondo al mare,
chiedo solamente di volare,
volare sopra le parole,
sopra tutte le persone,
sopra quella convinzione di avere la verità.